
El due diligence como elemento revelador de contingencias.
Un empresario nacional, tiene la intención de importar el exclusivo grano de café Kona de Hawái. Inicialmente, nos informa que tiene un potencial exportador de este producto y que cuenta con diversos canales de distribución en el país. Adicionalmente, nuestro prospecto posee una tentadora marca comercial que quiere registrar a la brevedad. Sin embargo, su mayor apuro, es comprar en el menor tiempo posible, un establecimiento comercial, ubicado en un exclusivo y concurrido barrio de Santiago. Su objetivo, golpear rápidamente el mercado con su novedoso producto.
Como es de esperarse, las expectativas de los emprendedores siempre son altas. La creación y formación de un proyecto, reporta un significativo desafío, que involucra – en muchos casos – sueños y afectos. Pero, cuando se cuenta con una considerable fuente de financiamiento, esta puede nublar la visión del inversionista, quien intentará acelerar el proceso, desconociendo todas las aristas comerciales, contables o jurídicas que debe ponderar antes de invertir. El entusiasmo sin tregua, brota incluso en un desierto de antecedentes.
¿Cómo podemos aterrizar este despegue? con esta interrogante, nace el “Due Diligencie” como solución.
Con ello, por medio de un específico informe, se realiza una investigación del negocio del cliente. Tomaremos en consideración las áreas comerciales, financieras, legales y de planificación tributaria para el propósito. Lo anterior, con el objetivo de evaluar todos los flujos y factores que puedan tener impacto en el futuro del proyecto. Determinando de esta manera, el precio de la contingencia. Lo importante, es tomar una decisión debidamente informada.
En el caso sublite propuesto, se analiza la relación comercial y contractual con los proveedores de café. Determinando la constitución de una figura societaria adecuada para el cliente. Para esto se investigará en detalle los posibles accionistas o socios de la futura empresa. Procurando siempre erradicar todo riesgo que pueda dañar la operación.
Dentro del marco regulatorio del negocio, se obtendrá una hoja de ruta para toda la tramitación administrativa que se requiera para una adecuada apertura y puesta en marcha del proyecto. Se estudiará y se materializará la solicitud de inscripción de la marca comercial propuesta, ejecutando previamente un análisis de factibilidad de la marca, antes del requerimiento ante INAPI. No queremos que nuestro prospecto invierta en publicidad, sin revolver esa significativa arista de su propósito.
En la esfera inmobiliaria, será necesario estudiar el título de dominio que involucre el establecimiento comercial que se intenta comprar. Lo señalado se elaborara, revisando la titularidad del inmueble y verificando que no existan gravámenes o litigios asociados a la propiedad pretendida. Por tanto, será vital descartar deudas asociadas al inmueble que puedan sorprender a nuestro cliente durante el funcionamiento de su empresa.
Como se puede observar, solo con los puntos expuestos, queda claro que los elementos mencionados son de alta utilidad para las pretensiones del cliente. Esto permite que nuestro prospecto pueda modificar los términos económicos de la transacción, revisar la estructura de riegos asociados al proyecto, modificar la parcial o totalmente el negocio o derechamente desistirse de este. Queremos que su aventura empresarial sea pacífica y sin incertidumbres.
Por último, será relevante no solo recopilar y exhibir los antecedentes rescatados a nuestro futuro inversionista, sino que principalmente orientarlo. ¿De qué manera? fijando conclusiones, alternativas y recomendaciones de los hallazgos revelados. Aclarando el marco jurídico del negocio y los efectos post operación del proyecto. Lo indicado, logrará diluir toda incertidumbre existente. Se aterrizarán las expectativas y se tomará una decisión con certezas. Todo esto, gracias al “Due diligence”, un instrumento multidisciplinario que invita a la reflexión del inversionista, en la toma de decisiones.
